22 de setembre de 2014

DOBLE AMENAZA: EL CETA Y EL TTIP

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por David Hervás.


El Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones, conocido por las siglas TTIP[1] empieza ser conocido por la opinión pública, sobre todo gracias a la campaña ciudadana[2] que se ha puesto en marcha en su contra y por la difusión de artículos[3] y declaraciones[4] de representantes de la izquierda política parlamentaria. Sin embargo, el estreno ante los medios de comunicaciones de las negociaciones que se remontan a noviembre de 2011 se produce en el Discurso del Estado de la Unión[5] pronunciado por Barack Obama del 12 de febrero de 2013. En dicho discurso el inquilino de la Casa Blanca expresa su intención de impulsar dos acuerdos regionales de comercio, uno con los países a ambos lados del Pacífico (TPP o Trans-Pacific Partnership) y otro con la Unión Europea.

Ante este anuncio de inmediato se organizan campañas contra ambos acuerdos y ya el  17 de marzo de 2013 anunciamos en las páginas de este blog el nacimiento de una campaña[6] contra el TTIP, que entonces aún era conocido como TAFTA[7].

Porqué el TTIP no es un simple Tratado de Libre Comercio

El TTIP no es sólo un tratado arancelario. Si lo fuera sería prácticamente inútil, ya que las tarifas arancelarias entre la UE y los EE.UU. ya son muy bajas, salvo en el sector agrícola donde son mayores que la media.

El TTIP se llama tratado de inversiones porque pretende acordar una regulación para proteger las inversiones que las empresas extranjeras hacen en un país.  Es decir, para proteger el dinero que invierten las empresas multinacionales.

Los objetivos del TTIP son:

1º Lograr la convergencia regulatoria: las normas de comercio e inversión de los EE.UU. y Europa han de armonizarse. Dado que se considera que dichas normas son barreras no arancelarias, se pretende armonizarlas a la baja, para maximizar los beneficios de las empresas. Esto es lo que han pedido los negociadores:

-La Unión Europea ha pedido la derogación de la regulación bancaria, la Ley Dodd-Frank que tanto costó aprobar a la administración Obama y que está diseñada para evitar los abusos que provocaron las quiebras de los bancos de inversión de Wall Street que fueron la espoleta de la crisis en 2008. Quien más presiona es el gobierno del Reino Unido y el de Alemania, actuando de defensores de la City y de Frankfurt respectivamente. Por el momento EE.UU. se ha negado, pese a las presiones de Wall Street.[8]

-Los EE.UU. quieren incluir la normativa laboral. Hay que recordar que el mercado laboral americano está desregulado, que los EE.UU. no han firmado 6 de los 8 convenios de la Organización Internacional del Trabajo. Además, en 24 estados norteamericanos rigen las llamadas leyes right-to-work que prohíben los convenios colectivos.

-Asimismo, los norteamericanos quieren la autorización del cultivo y del consumo humano de organismos genéticamente modificados (transgénicos) y la eliminación de la obligación de informar de su presencia en las etiquetas de los productos.

-Los EE.UU. quieren levantar las prohibiciones, moratorias o restricciones sobre la fracturación hidráulica (fracking).

-Las empresas norteamericanas quieren la derogación de la normativa REACH[9] sobre uso de productos químicos tóxicos, y así como el abandono del Principio de Precaución[10] europeo que permite impedir la distribución de productos que puedan entrañar un peligro para la salud o incluso proceder a su retirada del mercado, en caso de que los datos científicos no permitan delimitar los riesgos para la salud humana, animal o vegetal, o para el medio ambiente.

-Las Big Pharma[11], quieren conseguir de Europa el alargamiento de la duración de las patentes, limitar o eliminar la potestad de los gobiernos de fijar los precios de los medicamentos y limitar la transparencia de los ensayos clínicos[12].

-En el sector agrícola, además de la rebaja de los aranceles, los EE.UU. solicitan la eliminación de las Denominaciones de Origen Protegidas y las Indicaciones Geográficas Protegidas[13] porque dicen que impiden a las empresa americanas producir, por ejemplo, vino de Rioja o queso de Roquefort[14].

-Determinadas prácticas muy discutidas de la industria agroalimentaria norteamericana, inadmisibles en Europa, verán levantada su prohibición, en virtud de la “convergencia regulatoria”: carne bovina de reses tratadas con hormonas de crecimiento (cuyo consumo se relaciona con el cáncer en humanos), aves bañadas en cloro (prohibido en la UE desde 1997), alimentos contaminados con pesticidas.

-Además, los controles europeos sobre los disruptores endocrinos[15] que actualmente bloquean el 40% de las exportaciones de alimentos norteamericanos[16] están sobre la mesa de negociaciones.

2º Afianzar la liberalización de los mercados de servicios. Este es un eufemismo que suena muy bien, pero que empieza a sonar muy mal cuando se entra en detalle de las aspiraciones de los negociadores:

-Apertura a las multinacionales[17] de la contratación de las administraciones públicas.

-Privatización del suministro de agua potable, que interesa tanto a las multinacionales europeas como a las norteamericanas.

-Los norteamericanos han confirmado su intención de negociar la apertura de los servicios públicos de sanidad y educación, aprovechando la demencia privatizadora que afecta a los gobiernos europeos.

-No sólo los americanos quieren sacar tajada, pues la Unión Europea pretende eliminar las disposiciones Buy American de ciudades, condados y estados de EE.UU., que favorecen los empleos locales en la contratación de las administraciones públicas.

3º La privacidad está amenazada porque se está intentando aprobar el ACTA por la puerta trasera.

El Acuerdo Comercial de Lucha contra la Falsificación, conocido como ACTA[18], era un acuerdo multilateral voluntario destinado a proteger la propiedad intelectual, combatir la falsificación de bienes, los medicamentos genéricos y la piratería en Internet. Para ello, este acuerdo aumentaría la vigilancia fronteriza y obligaría a los Proveedores de Servicios de Internet a vigilar todos los paquetes de datos que fueran cargados o descargados desde Internet. El usuario infractor podría ser sancionado con multas, con la pérdida del derecho a la conexión a la red, o con penas de prisión.

El ACTA fue rechazado por el Parlamento Europeo el 4 de julio de 2012, por 478 votos en contra y tan solo 39 miserables votos a favor. Sin embargo, se teme que a cambio de dejar entrar a operadores europeos en mercados como el de internet, dominado por  multinacionales norteamericanas, se ponga en la mesa de negociación la privacidad de internet, siendo claro que por el lado americano la MPAA (Asociación de la Industria Cinematográfica) y la RIAA (Asociación de la Industria Discográfica) presionarán por sus intereses.

Es evidente que negociar el tráfico transatlántico de datos pone en desventaja a los europeos en cuanto a la privacidad de sus datos, ya que en EE.UU. no hay ninguna ley que proteja la privacidad de los datos, mientras que la Directiva Europea de Protección de Datos solo permite transferir datos a un país tercero si este garantiza su privacidad.

4. Introducir un marco jurídico para las relaciones entre estado u empresas que socava los principios de la democracia.

Desde el principio el TTIP prevé la inclusión de un Mecanismo para la Resolución de Disputas entre Inversores Extranjeros y Estados o ISDS[19] que permitirá a las multinacionales demandar a un Estado soberano ante un Tribunal de Arbitraje Internacional si considera que una nueva Ley perjudica sus intereses económicos en el país en cuestión. Estos tribunales, que están al margen de la justicia europea o internacional e integrados por abogados de firmas privadas, suelen condenar a los países a pagar sumas desorbitadas por promulgar leyes, sanitarias sociales o medioambientales que “perjudican” los “beneficios futuros”[20] que las empresas esperaban obtener. Sus sentencias son inapelables.

Esto significa que se pone un precio a la soberanía nacional, precio que hay que pagar a las empresas multinacionales. Los Estados pueden aprobar las leyes que quieran, incluso con rango constitucional, pero han de indemnizar a los inversores extranjeros que sostengan que pueden dejar de ganar dinero por culpa de esas leyes[21]. Muchas veces empresas nacionales han abierto sucursales en un país firmante de un Tratado para así poder demandar a su propio gobierno[22].

Por todo ello, las reclamaciones contra los estados se han convertido en un negocio para las multinacionales y también para las firmas de abogados especializadas en este tipo de pleitos[23].

Para evitar los pleitos, se quiere introducir un mecanismo que también socava los principios de la democracia: el Consejo de Cooperación Regulatoria. Dicho consejo efectuaría un control previo de la legislación que vayan a aprobar los Parlamentos, y estaría formado por un funcionario en nombre  del Comisario de Comercio, otro en nombre del Representante de Comercio de los EE.UU., un representante empresarial norteamericano y en representante empresarial europeo. Su misión es hacer converger las legislaciones.

Ante la inquietud generada, la Comisión Europea anunció en enero de 2014 una consulta ciudadana sobre el ISDS, pero la experiencia de otras consultas hacía sospechar que se trataba de una cortina de humo[24]. Los hechos posteriores demuestran lo acertado de dicha sospecha: 

1 El 23 de julio de 2014 se ratificó por el Parlamento Europeo un Reglamento sobre la responsabilidad financiera relacionada con los tribunales de resolución de litigios entre inversores y Estados, que entró en vigor el 17 de septiembre de 2014. Esto se ha hecho para evitar que algún estado miembro alegue que no puede introducirse el ISDS en algún Tratado de los que están negociando porque no se ha regulado previamente, como desarrollo necesario del Tratado de Lisboa[25]. 

2  El 10 de septiembre de 2014 la Comisión Europea rechazó la inscripción de una Iniciativa Ciudadana Europea para le recogida de firmas contra la inclusión del ISDS y la cooperación regulatoria en el TTIP y otros tratados.

14 de setembre de 2014

ECONOMÍA DE LA FELICIDAD



















Hasta los más ortodoxos defensores de la economía capitalista de mercado elaboran índices de bienestar alternativos al PIB. Fuente: The Economist



















CARLOS JAVIER BUGALLO SALOMÓN
Licenciado en Geografía e Historia

Diplomado en Estudios Avanzados en Economía

 
Los economistas académicos tienen dos formas de considerar la utilidad que proporcionan los bienes y servicios económicos. Una es la medida del grado de satisfacción de los deseos o preferencias; y la otra como felicidad, que es el enfoque fundado por Bentham en el siglo XIX, con su ‘cálculo de felicidad’, en el cual de suman los placeres y se sustraen las penas.1



En cuanto a la felicidad, siempre ha estado entre los grandes objetivos de la humanidad. Los más tempranos mitos de la humanidad, el mito del paraíso y el de la edad de oro, diseñan un estado feliz.2 Y ya en la época contemporánea, se ha considerado que promover la felicidad es una de las principales exigencias éticas que el individuo demandará a la sociedad y al Estado. Incluso se llega a hablar de la felicidad como underecho establecido’. Así, en el preámbulo de la Declaración de Independencia de los EstadosUnidos (4 julio 1776), la búsqueda de la felicidad figuró entre los derechos inalienables del hombre, entendida como bienestar del individuo y prosperidad de la humanidad.3



La meta de la felicidad aparece por todas partes; no sólo en las religiones, en la legislación o en la filosofía, sino también en la poesía. Por ejemplo, Píndaro (el gran poeta de la Grecia clásica) dejó testimonio en sus versos de las siguientes ideas:



  • La dicha de cada día siempre se presenta como bien sumo...” (Olímpica I).
  • La dicha reside en poseer salud, bienes suficientes y fama (Olímpica V).
  • Los caminos de la felicidad son muchos (Olímpica VIII)
  • No hay dicha sin esfuerzo (Pítica XII)
  • La felicidad no depende de tener muchas riquezas, sino de saber gozar de los bienes presentes (Nemea I)
  • Es imposible alcanzar la felicidad completa (Nemea VII).4


Puede observarse que el pensamiento de Píndaro se diferencia claramente con respecto de la concepción moderna de la felicidad, basada en el hedonismo o búsqueda del placer como fin absoluto, ya que el tipo de felicidad que él propone -y que podríamos denominar de ‘heroica’-, depende del logro de la fama a través del esfuerzo.



Por lo tanto, no hay una teoría de la felicidad que todos admitan por igual.5 La tesis de que la felicidad es lo único bueno resulta demasiado general si no se precisa su contenido concreto. Este contenido varía de acuerdo con las relaciones sociales que lo determinan, y a cuyos intereses responde. Es lo que vemos, al cifrarse la felicidad en la contemplación en la sociedad esclavista griega, o en la posesión de dinero en la sociedad burguesa moderna. Resulta así que la felicidad no puede concebirse como algo abstracto al margen de unas condiciones sociales dadas, y que estas condiciones no favorecen u obstaculizan la felicidad en general, sino una felicidad concreta.6